La mujer en los libros de Stephen King

La mujer en los libros de Stephen King

En Universo Literario hemos escrito mucho acerca de la mirada femenina en la literatura contemporánea. Hemos publicado artículos sobre Mariana Enriquez y Samanta Schweblin, quienes se consideran referentes en Argentina de una nueva corriente literaria, así como de otras autoras modernas, entre las que figuran Camila Sosa Villada, Dolores Reyes y Mariela Pappas. En esta oportunidad no escribimos sobre autoras sino que vamos a hacer una suerte de reseña de la mirada masculina sobre la mujer. Específicamente sobre la mujer según Stephen King. ¿Por qué hablar sobre este tema en particular? Porque Stephen King es un universo de temáticas que apenas hemos tocado cuando hablamos sobre la intertextualidad, pero más que nada porque nos da pie a indagar en una de las mentes literarias más prolíficas e interesantes de los últimos cincuenta años.

Índice

Las protagonistas de King

Desde el comienzo de su carrera, los libros de Stephen King dieron a la mujer el papel protagónico en varias de sus historias. Sin ir más lejos, Carrie, su primera novela publicada, trata sobre una adolescente que descubre sus poderes psíquicos entre el bullying de sus compañeres de escuela y la opresión religiosa de su madre. Aún así es interesante notar que en sus primeros trabajos cuando la mujer es protagonista siempre lo es como un token de un aspecto estereotipado de lo femenino. Carrie es la pérdida de la inocencia que comienza con la menstruación y los cambios del cuerpo, representados por sus poderes que la convierten en una mujer y también en una amenaza para quienes la rodean. Misery de 1987 es, además de una fanática peligrosa y asesina, una representación de la diosa, como es descrita en la novela, maternal pero celosa y terrible, sin olvidar que el personaje además es una metáfora de la cocaína de la que King era adicto en ese entonces. Donna, la protagonista de Cujo, es una madre que debe proteger a su hijo de la amenaza de un perro rabioso. Y así podríamos seguir insertando a cada una de las primeras protagonistas de King en estereotipos básicos, aunque al avanzar su carrera podemos encontrar ejemplos más interesantes y profundos en su obra.

Pronto King demostraría una sutileza y profundidad mayores en su descripción de lo femenido, al publicar la que sería conocida como la trilogía de la mujer.

El juego de Gerald y Dolores Claiborne

Los primeros dos libros de la trilogía de la mujer, publicados en 1992 y 1993 están íntimamente relacionados en un ejercicio que nos regresa a la importancia de la intertextualidad en la obra de King. Ambos textos giran en torno a un eclipse que ocurre en la costa de Maine, y en cada libro la temática se refiere al abuso infantil. Mientras que en El juego de Gerald la narradora queda atrapada en una situación límite donde revive este terrible hecho que marcó su vida, en Dolores Claiborne la narradora es la madre de una niña abusada, quien toma medidas extremas para proteger a su hija.

Tanto Dolores como Jessie Burlingame son mujeres complejas con distintos enfoques para lidiar con sus traumas. Pero ambas enfrentadas a hechos terribles logran sobreponerse aferrándose a la vida. Ambos libros son muy inmersivos, colocando al lector en la mente de sus protagonistas. Esto es llevado a un límite extraordinario en Dolores Claiborne, dónde la narración entera es un diálogo de Dolores con un policía que investiga la muerte de su empleadora, pero en la que solo leemos la voz de nuestra protagonista.

«¿Qué me has preguntado Andy Bissette? ¿Qué si entiendo mis derechos tal como me los has contado? ¡Diantres! ¿Por qué algunos hombres son tan burros?»

De esta forma comienza la novela sin jamás escuchar otra voz más que la de Dolores siendo investigada por un crimen del que todo el mundo cree culpable.

Ambos textos son muy inmersivos, trabajados dentro del subset de lo que King llama sus libros de “adentro”. Y aquí hacemos un breve parate para explicar a qué se refiere está división propia del autor.

Historias de adentro y de afuera

Primero y principal cabe aclarar que está división no ha sido planteada por la crítica o por estudiosos de la literatura, sino que es el propio King quien se refiere a sus historias bajo estas etiquetas. Las historias de “adentro” son introspectivas y en extremo psicológicas con pocos personajes. Un ejemplo extremo podría ser La chica que amaba a Tom Gordon, donde en la mayoría del relato seguimos a nuestra protagonista perdida en el bosque, intentando regresar a la civilización. En contraposición sus libros de “afuera” tal vez más conocidos y populares, como It, Apocalipsis y La tienda de los deseos malignos, suelen ser historias corales, con muchos personajes y situaciones más abarcativas. Un ejemplo de estas historias puede ser un pueblo entero atrapado bajo un domo invisible, o la mayoría de la humanidad siendo exterminada por un virus.

No todas las historias con protagonistas femeninas en la bibliografía de King son historias de adentro, aunque la mayoría sí lo son y King aprovecha esta división propia de su obra para trabajar más en profundidad traumas psicológicos y situaciones límite.

El retrato de Rose Madder

La trilogía de la mujer se completa con El retrato de Rose Madder de 1995, una novela muy extraña dentro de la bibliografía de King. Su extrañeza proviene de que comienza con todos los toques de las novelas de adentro, incluyendo una inmersión profunda en la psiquis de la protagonista Rose Daniels, quien es víctima de abuso por parte de su marido, Norman, un policía violento y obsesivo que controla todos sus movimientos. Su quiebre llega al comienzo de la novela cuando haciendo la cama ve una gota de sangre en las sábanas del tamaño de una moneda. Algo se quiebra dentro de Rose y se decide a huir, aunque vive con la seguridad de que su marido puede rastrearla y encontrarla en cualquier momento.

El cambio llega cuando Rose busca refugio en un hogar para mujeres víctimas de abuso, dónde la historia se abre un poco, además de seguir los pasos de Norman, y su investigación por encontrar a su esposa fugitiva. Además hay un elemento sobrenatural en la historia encarnado en un retrato que Rose cambia por su anillo de bodas en una tienda de empeño. El retrato que muestra a una mujer, tal vez una diosa, de espaldas entrando en un templo es la clave para que Rose pueda encontrar la salida del laberinto que es su vida y escapar de Norman de una vez por todas.

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Las mujeres de Stephen King

En resumen, la trilogía de la mujer es un excelente intento de retratar la violencia patriarcal que oprime a la mujer en el mundo real. Pero la mujer en la obra de King no se reduce a ser una víctima o una victimaria, como vimos en Misery y la malvada enfermera Annie Wilkes. Desde el comienzo de su carrera King ha escrito poderosos personajes femeninos. Un excelente ejemplo es Charlie McGee en Ojos de fuego quien puede leerse como una fuerza primordial que intenta ser controlada y usada por una organización gubernamental pero que termina desatandose en una fuerza incontrolable.

También hay que mencionar a Sussanah Dean de La torre oscura, una mujer afroamericana, sin piernas pero con la fuerza y agilidad de una pistolera. A Lisey Debusher en La historia de Lisey. A la genial Holly Gibney con todas sus fobias y complejos, de la trilogía Mr. Mercedes y muchas más.

La mente fértil de King demuestra que es uno de los mejores escritores de personajes tanto masculinos como femeninos y es capaz de crear algunas de las protagonistas más memorables de la literatura norteamericana.

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