Reseña de Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez

Reseña de Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez

La segunda colección de cuentos de Mariana Enríquez nos presenta historias tan perturbadoras como en su primera entrega, Los peligros de fumar en la cama. El terror siempre presente toma distintas formas en Las cosas que perdimos en el fuego, publicada en 2016, y en esta reseña comentaremos algunas de las herramientas que utiliza Enríquez en sus relatos y algunos aspectos destacados de los mismos.

Índice

Temáticas más importantes de Las cosas que perdimos en el fuego y desglose de la obra

Las cosas que perdimos en el fuego. Ediciones Anagrama

En Los peligros de fumar en la cama, ya habíamos visto que Mariana Enríquez escribe sobre un abanico de temas limitado para construir su obra. Mitos del interior del país, horror corporal, el terror real social de hechos como la última dictadura militar en Argentina y por supuesto, el horror de lo sobrenatural con sus fantasmas y apariciones. 

En su segundo libro de cuentos también encontramos estos temas, aunque no son los principales, sino que Enríquez los utiliza como especias para dar sabor a otro tipo de temáticas. 

Uno de los temas abanico de Las cosas que perdimos en el fuego es la adolescencia. Enríquez toma esta palabra, este adolecer y lo lleva a extremos literales de la palabra. Explora el horror de ser adolescente en cuentos como Fin de curso, donde una joven destruye su cuerpo por causas desconocidas, en La Hostería, donde una travesura y un amor secreto llevan a una experiencia traumática o en Los años intoxicados, en el que año a año la relación de tres amigas se vuelve más y más tóxica. 

También en un apartado similar o relacionado, ya que sus protagonistas o víctimas son muy jóvenes, se encuentra el horror de los trastornos mentales, como el hikikomori japonés de Verde rojo anaranjado, este fenómeno en el que jóvenes se encierran en sus casas para no salir más o la anorexia nerviosa, retratada en un cuento muy corto pero perturbador en Nada de carne sobre nosotras.

Pero no solo los adolescentes son motivo de horror en esta obra, los niños producen efecto similar. La infancia es uno de los temas más populares en el cine y la literatura de terror, produciendo clásicos como Otra vuelta de tuerca de Henry James o el truculento Los niños del maíz de Stephen King. Enríquez no se queda atrás en este libro y produce algunos de los relatos de niños más perturbadores que se hayan escrito, especialmente El patio del vecino, dónde una asistente social despedida intenta ayudar a un niño que puede no existir. En El chico sucio, La casa de Adela y Pablito clavó un clavito el miedo es una constante en la que esperamos constantemente como la desgracia caiga sobre los protagonistas.

Este último cuento también inaugura otra constante que se repite en muchos cuentos de Las cosas que perdimos en el fuego, la muerte del amor. Varios relatos tratan sobre relaciones fallidas o relaciones que están muriendo, además de en Pablito, podemos mencionar al menos El patio del vecino y Tela de araña, en este último siendo su tema principal.

En el último tema abanico del libro volvemos a los horrores reales, que de alguna manera atan ambos libros. En algunos casos como en La hostería, se repite la fórmula de Cuando hablabamos con los muertos, de Los peligros de fumar en la cama. Casi diría que estos dos cuentos son hermanos, por su reflejo de los años de la dictadura. En otros casos el horror es más reciente, casi lo podemos tocar, u oler, como en Bajo el agua negra, donde se revuelven las contaminadas aguas del riachuelo y brota de él todo lo oscuro que esconde entre la villa del puente, los policías asesinos de niños y la marginalidad. En Las cosas que Perdimos en el fuego, cuento que da nombre al volumen y cierra el libro, Enríquez nos habla de femicidios, de tomar las armas del opresor como propias en una forma de protesta inusitada.

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Una influencia / homenaje

Ya en la reseña de Los peligros de fumar en la cama, mencionamos las influencias de Enríquez, tanto de su vida y su crianza, los barrios del sur de Buenos Aires, las historias populares de la provincia de Corrientes narradas por su abuela; como de sus referentes literarios. En Las cosas que perdimos en el fuego hay un claro homenaje a uno de los padres fundadores del terror literario moderno, creador del horror cósmico, H.P. Lovecraft. Pero para descubrir cuál es ese cuento, deberán leer el libro porque describirlo sería arruinar la sorpresa.

Un cambio de dirección en su escritura

En la reseña de Los peligros de fumar en la cama hablamos de cómo el estilo de Enríquez ancla sus relatos en un mundo hiperrealista, habitado de referencias reales, bebidas, calles, detalles que hilan y construyen un verosímil imposible de diferenciar del que habitamos. En Las cosas que perdimos en el fuego, esto se mantiene, pero hay un cambio en la dirección de sus cuentos. Su escritura se ha vuelto menos guiada hacia un final que cierre el significado. De alguna manera sus cuentos son más oníricos en esta entrega, más sobre el recorrido y no sobre un final que cierre todo con un moño. Pero de todas formas son igual de terroríficos, inquietantes y sumamente disfrutables.

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