“Uno siempre debe estar enamorado. Esa es la razón por la que uno nunca debe casarse”. Oscar Wilde
Hay una idea generalizada que habla de que el matrimonio es una máquina de sofocar el deseo, una estructura burocrática donde el amor se transforma en rutina, aburrimiento o resentimiento frente al cual no se puede hacer nada, simplemente ir viendo cómo pasan los años y esa relación que supo ser, pero que ya no es, nos consume de a poco.
The Invite es la historia de Joe (Seth Rogen) y Angela (Olivia Wilde), una pareja que se fue perdiendo, pero que no dejó de quererse. Bajo la capa de frialdad, los silencios pesados y las discusiones pasivo-agresivas, late un agotamiento complejo e incómodo que no tiene que ver con el cansancio de la persona que está al lado, sino de la forma en la que se fueron relacionando para sobrevivir al paso del tiempo.
La película pone sobre la mesa el desgaste cotidiano. La verdadera pregunta de The Invite no tiene que ver con separarse cuando no encontramos cómo volver a conectarnos, sino en algo bastante más simple, pero más difícil de poner en práctica: ¿es posible ponerle fin a una dinámica vincular sin tener que terminar con la persona que elegimos para compartir la vida?
La microfísica de la distancia y el desgaste silencioso
Muchas veces, las crisis comienzan con una traición o una situación que sentimos que excedió ciertos límites, no es el caso de Joe y Angela; sus problemas se construyen en voz baja, en una convivencia en piloto automático, donde comparten el mismo techo pero ya no se registran. Con el paso de los años, pareciera que la intimidad se fue erosionando por una acumulación de ausencias cotidianas que terminaron por volverlos invisibles el uno para el otro.
Como ninguno se anima a expresar realmente lo que lo enoja, el malestar se filtra en las discusiones del día a día. Cada conversación es un reclamo intrascendente, una competencia infantil por ver quién gana. No se escuchan ni tienen intención de hacerlo, cada uno está enfrascado en su propia batalla, se perdieron mutuamente y no pueden permitirse perderse a ellos mismos.
En esa rutina de pequeñas guerras domésticas, la invitación ingenua a cenar de sus vecinos aparece como una grieta en la monotonía que pone al descubierto la necesidad desesperada de saber si, fuera de ese bucle de reproches cotidianos en el que son invisibles el uno para el otro, todavía son capaces de despertar el deseo o la atención de alguien más.
¿Una relación nueva o varias relaciones con la misma persona?
Cuando una relación deja de funcionar lo primero que suele aparecer en nuestra mente es la intención de matarla. Ya está, nos desencontramos, queremos cosas distintas, el amor desapareció. Lo que plantea The Invite es que a veces, para que una pareja sobreviva, lo que tiene que morirse es la forma en la que se venían relacionando. Simplemente, hay que asumir que la versión de la pareja que funcionaba hace diez años hoy ya no existe más.
“Creo que solo tenemos unas pocas oportunidades para tener relaciones significativas; normalmente pasamos a otras personas, y a veces podemos tener una nueva relación con las mismas personas. Pero creo que esta relación se acabó”.
La película demuestra que el verdadero riesgo está en insistir en querer ser los mismos de siempre cuando la realidad ya transformó a ambas partes de la pareja. El camino más fácil suele ser salir de la relación pero, ¿qué sucede cuando el amor todavía está? ¿Nos animaremos a descubrir si entre las ruinas de lo que fue todavía hay ganas de volver a conocerse?
Buscar afuera lo que se apagó adentro
Hay algo peor que la falta de sexo cuando una pareja lleva años inmersa en la rutina, la falta de sentirse mirado, el famoso “no me ve”. Nos acostumbramos a que el otro esté ahí como parte del paisaje doméstico, hasta que dejamos de percibirlo con esos ojos del enamoramiento de los seis meses. La relación se vuelve una amistad, una convivencia de roomies, y el deseo desaparece hasta desintegrarse.
Por eso, para Angela, es tan importante que sus vecinos vayan a cenar esa noche y no le importa que Joe esté en desacuerdo. La posibilidad de que alguien ajeno a la pareja la observe con curiosidad, fascinación o con ese deseo que siente que ya no despierta es un llamado de atención, la confirmación de que todavía está viva, de que no se volvió invisible.
The Invite no utiliza el coqueteo o el deseo sexual de un tercero para justificar una huida, sino para forzar un reencuentro. La mirada de los vecinos los ayuda a recordar eso que supieron ser el uno para el otro, pero que hoy está enterrado en la dinámica rutinaria de la pareja.
La decisión de volver a encontrarse
Para que dos personas puedan volver a mirarse de verdad, primero tienen que caerse las máscaras que construyeron para defenderse. El reencuentro aparece cuando el dolor, el reproche y el deseo acumulado salen a la superficie sin filtros y se dice lo que no se quería decir. La comunicación lisa y llana es la única que puede hacer que la rutina pierda su poder anestésico.
The Invite no es la típica comedia romántica con final feliz de Hollywood. En sus momentos más íntimos y despojados, la película prefiere encontrar algo de ternura entre los restos del resentimiento y dejar al descubierto, nada más ni nada menos, que una relación real con la que muchos podemos identificarnos.
Cambiar de persona siempre es el camino más transitado y seguro, pero quizás no sea el más honesto cuando el amor sigue ahí. Dejar morir una forma de estar juntos para inventar otra requiere el coraje de habitar la incertidumbre. Al final del día, la pregunta es: ¿tenemos la valentía de volver a encontrarnos en esta nueva versión que somos hoy?

Paula Cabrera
Periodista deportiva y licenciada en Comunicación. Redactora creativa y SEO
Amante de la literatura y la escritura desde chica, hace diez años la convertí en mi profesión. Creo contenido para redes sociales y sitios web. En 2023, publiqué mi primer libro, Palabreríos, un compilado de pensamientos y sentimientos personales. Formo parte de este proyecto como redactora, dándole vida a los libros que transforman y acompañan cada uno de mis momentos.

