El 24 de marzo se conmemora el aniversario del golpe de Estado de 1976, evento que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón e instauró una dictadura cívico-militar autodenominada “Proceso de Reorganización Nacional” (PRN), la cual se extendió hasta el 10 de diciembre de 1983. La literatura argentina ha desempeñado un papel crucial en la preservación de esta memoria, evolucionando desde la denuncia testimonial y la alegoría protectora de la década de 1970 hasta las exploraciones estéticas contemporáneas que utilizan el gótico, la crónica periodística y la autoficción para interpelar el pasado desde nuevas subjetividades. En esta fecha importante de la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia, compartimos 6 libros recomendados para leer, divididos entre autores de la época y producciones recientes, que permiten comprender la magnitud del suceso histórico y su procesamiento cultural.
Índice
El régimen militar implementó un plan sistemático de represión que incluyó el cierre del Congreso, la prohibición de partidos políticos y sindicatos, y la suspensión de las garantías constitucionales. Más allá de la parálisis de la vida pública, el PRN ejecutó una metodología de terror que comprendió miles de desapariciones forzadas, asesinatos, torturas en centros clandestinos de detención como la ESMA, el robo de bebés y los denominados “vuelos de la muerte”. En la actualidad, la fecha continua con los debates sobre la “Memoria Completa” y los discursos que buscan integrar la violencia de las organizaciones guerrilleras de los años 70 en el relato histórico oficial, desafiando el consenso tradicional sobre el número de víctimas y la naturaleza del genocidio judicialmente calificado.
Voces de los años 70
Durante el auge del terrorismo de Estado, escribir se convirtió en un acto de resistencia extrema. Los autores de este periodo debieron enfrentar la censura, el exilio o la desaparición física. Sus obras reflejan no solo el horror inmediato, sino también la búsqueda de lenguajes capaces de eludir el silencio impuesto por el poder militar.
Haroldo Conti: Mascaró, el cazador americano (1975)
Publicada apenas meses antes del quiebre institucional, Mascaró, el cazador americano representa el testamento literario de Haroldo Conti, quien fue secuestrado por una brigada del Batallón 601 de Inteligencia el 5 de mayo de 1976 y permanece desaparecido desde entonces. La obra, ganadora del prestigioso Premio Casa de las Américas en 1975, es una novela alegórica que combina la aventura picaresca con una profunda reflexión existencial sobre la libertad y el compromiso político.
La trama sigue a Oreste, un hombre que decide abandonar su vida rutinaria en Buenos Aires para embarcarse en el vapor El Mañana hacia un destino incierto. En su periplo, se une al Circo del Arca, una compañía itinerante liderada por el Príncipe Patagón y el misterioso Mascaró. El circo funciona como una metáfora de la revolución y la ilusión. A medida que la compañía recorre los pueblos olvidados de la costa, su presencia provoca transformaciones en la conciencia de los habitantes, sugiriendo que el arte posee una fuerza transgresora capaz de subvertir el orden establecido.
Conti escribió Mascaró en un momento de efervescencia política, imbuido de los ideales revolucionarios que marcaban a la intelectualidad latinoamericana de la época. La novela propone que la vida debe ser vivida “livianito”, despojada de las seguridades materiales que el sistema utiliza para oprimir al individuo. Trágicamente, la persecución militar que narra la novela en su tramo final (donde el circo es desmantelado por fuerzas represivas) se convirtió en una realidad tangible para el autor poco después de su publicación.
La obra de Conti reside eleva el rol la fantasía a la categoría de herramienta de combate, manteniendo una frase en latín sobre su escritorio que definía su postura: “Hic meus locus pugnare est et hinc non me removebunt” (Este es mi lugar de combate y de aquí no me moverán).
Jacobo Timerman: Preso sin nombre, celda sin número (1981)
Este libro constituye uno de los testimonios más desgarradores y de mayor impacto internacional sobre la metodología de la represión en Argentina. Jacobo Timerman, director del influyente diario La Opinión, fue secuestrado en abril de 1977 por militares de civil bajo el mando del coronel Ramón Camps. Tras sufrir torturas y confinamiento solitario en centros como el Coti Martínez, fue liberado y expulsado a Israel en 1979 gracias a una intensa presión diplomática y de organismos de derechos humanos.
Escrito en apenas dos semanas durante su exilio en Tel Aviv, Preso sin nombre, celda sin número es una crónica personal que despoja al régimen militar de su retórica oficial para revelar un sistema de terrorismo orgánico y racionalmente planificado. Timerman pone especial énfasis en el componente antisemita de la dictadura; relata cómo sus interrogadores, obsesionados con teorías conspirativas sobre los judíos, intensificaban las descargas eléctricas mientras le inquirían sobre el supuesto “Plan Andinia”.
Timerman no solo denuncia las atrocidades físicas, sino que también describe la soledad absoluta del encierro y el “erotismo de la violencia” que parecía contagiar a amplios sectores de la sociedad argentina de los 70. Al ser un periodista de renombre internacional, su libro sirvió para que el mundo conociera de primera mano la magnitud del plan de exterminio sistemático, desafiando el bloqueo informativo impuesto por la junta militar. El texto sigue siendo una lectura ineludible para comprender cómo la ideología de la Seguridad Nacional se fusionó con prejuicios raciales para justificar la eliminación del “otro”.
Ricardo Piglia: Respiración artificial (1980)
Publicada en el ocaso de la dictadura, Respiración artificial es ampliamente reconocida como una de las cumbres de la literatura argentina contemporánea por su sofisticada técnica para eludir la censura y teorizar sobre el presente a través de la historia. Ricardo Piglia construye una novela-ensayo que funciona como una “metáfora de la asfixia” y una indagación sobre la imposibilidad de hablar bajo un régimen de terror.
La estructura es polifónica y fragmentada. El protagonista, Emilio Renzi, entabla una relación epistolar con su tío Marcelo Maggi, un historiador exiliado en el interior del país que investiga la vida de Enrique Ossorio, secretario de Rosas en el siglo XIX. Esta búsqueda por los “papeles del pasado” permite a Piglia establecer paralelismos entre la violencia política de la Confederación Argentina y el PRN. Un personaje fundamental es Arocena, un censor que intercepta las cartas buscando códigos subversivos, representando la vigilancia obsesiva del Estado sobre el lenguaje y la correspondencia privada.
Piglia argumenta que la verdad no es algo dado, sino un campo de fuerzas en disputa con el discurso del poder. La novela incluye discusiones eruditas sobre si Hitler fue un precursor de Kafka, sugiriendo que la barbarie del siglo XX fue anticipada por la literatura. Respiración artificial es, en última instancia, una obra sobre el exilio, la derrota y la resistencia de la palabra. Al utilizar el género epistolar, Piglia subraya que la correspondencia necesita de la distancia y la ausencia para prosperar, espejando la situación de miles de argentinos durante los años de plomo.
Visiones literarias contemporáneas
En las últimas dos décadas, una nueva generación de escritores ha abordado el legado de la dictadura desde perspectivas que rompen con los cánones tradicionales del testimonio. Estas obras exploran las zonas grises, la herencia del trauma y el uso de géneros populares para interpelar a lectores que no vivieron el periodo represivo.
Mariana Enríquez: Nuestra parte de noche (2019)
Mariana Enríquez ha logrado un fenómeno literario internacional al utilizar el género del terror sobrenatural para narrar el horror real del terrorismo de Estado en Argentina. Ganadora del Premio Herralde en 2019, Nuestra parte de noche es una extensa novela que atraviesa décadas de historia nacional, centrando su narrativa en la relación entre un padre, Juan, y su hijo Gaspar.
La trama se ambienta inicialmente en 1981, bajo la dictadura de Videla. Juan es un médium poseído por una oscuridad que una poderosa sociedad secreta, la Orden, utiliza para rituales que buscan alcanzar la inmortalidad. La Orden está integrada por las familias más ricas y poderosas del país, quienes mantienen vínculos estrechos con los militares represores. De este modo, el terror sobrenatural (médiums, deidades sanguinarias, casas que devoran personas) se convierte en una metáfora perfecta de la desaparición forzada y la impunidad de las élites.
Enríquez sostiene que el terror es una herramienta privilegiada para hablar de los desaparecidos, ya que permite enfrentar miedos irracionales que constituyen la identidad argentina. La novela integra elementos del folclore guaraní y la mitología regional para construir un “Buenos Aires maldito”, donde la represión no es solo un evento político, sino una mancha metafísica que persiste en la democracia. El impacto de la obra ha sido tal que ha posicionado a Enríquez como una de las voces esenciales para discutir el pasado reciente desde la ficción especulativa.
Leila Guerriero: La llamada (2024)
Leila Guerriero, maestra de la crónica periodística, aborda en La llamada una de las historias más complejas y menos complacientes sobre la supervivencia en los campos de concentración. El libro reconstruye la vida de Silvia Labayru, una joven militante de Montoneros que, estando embarazada de cinco meses, fue secuestrada en diciembre de 1976 y trasladada a la ESMA.
La obra se centra en lo que Guerriero denomina una “situación enmudecida”, qué sucede con los sobrevivientes después de la liberación. Labayru no solo sufrió torturas y violaciones sistemáticas por parte de represores como Alberto González, sino que tras ser liberada en Madrid, debió enfrentar el repudio y la sospecha de sus excompañeros de militancia, quienes la acusaron de colaboracionista. El título alude a la llamada telefónica realizada desde la ESMA por su padre, un militar de alto rango, la cual se presume fue el factor decisivo para evitar que fuera enviada a los vuelos de la muerte.
Guerriero utiliza una técnica de retrato exhaustivo que huye de la mitificación heroica. A través de la vida de Labayru, el libro expone cómo la violencia de género fue utilizada como arma de guerra en los centros clandestinos y cómo el trauma se extiende décadas después del fin de la dictadura. La llamada es una lectura perturbadora que obliga a revisar las nociones simplistas de víctima y traidor, situando el debate en la fragilidad de la condición humana bajo regímenes de exterminio.
Mariana Eva Pérez: Diario de una princesa montonera (2012/2021)
Esta obra marcó un punto de inflexión en la literatura de los “hijos de desaparecidos” al introducir el humor negro, la ironía y la irreverencia en el tratamiento del trauma. Mariana Eva Pérez, cuyos padres fueron secuestrados en 1978 y cuya abuela es la histórica Rosa Roisinblit, compiló en este libro los textos de su blog personal donde narraba su experiencia como “hija” desde una subjetividad que desafía los mandatos institucionales de la memoria.
La autora se autodenomina la “esmóloga más joven” o la “ex huérfana superstar”, utilizando estos términos para desacralizar la idea de la “luchadora inclaudicable”. El diario es una amalgama de reflexiones sobre los juicios de lesa humanidad, sueños con figuras políticas como Mauricio Macri con la “sonrisa de Astiz”, y la búsqueda cotidiana de su propia identidad más allá de la etiqueta de víctima. Pérez cuestiona la solemnidad que el Estado y ciertos sectores militantes imponen sobre el dolor, reclamando el derecho al cansancio y a la risa frente al horror.
Pérez utiliza el humor no para banalizar la dictadura, sino como una herramienta para “alivianar el golpe” y tramitar un duelo sin cuerpos. Su escritura es una “trinchera” que busca humanizar a los desaparecidos, sacándolos del congelamiento de su eterna juventud en las fotos para devolverles su dimensión política y familiar. Al final, Diario de una princesa montonera es un acto de liberación literaria que permite a las nuevas generaciones hablar del horror sin ser sepultadas por él.
24 de marzo: Memoria a través de la palabra
El 24 de marzo exige una mirada que combine el respeto histórico con la agudeza crítica. Las seis lecturas propuestas ofrecen un arco narrativo que permite comprender no solo lo que ocurrió durante el Proceso de Reorganización Nacional, sino cómo los argentinos siguen intentando resolver la enorme carga de su pasado.
La literatura de la época nos sitúa en el centro de la asfixia, demostrando que la palabra puede ser un refugio contra la deshumanización. Mientras que la producción contemporánea nos recuerda que la memoria no es un monumento estático, sino un proceso dinámico que debe ser interpelado desde el presente para evitar la repetición del pasado. En un día de profunda significación para la Argentina, estos libros son una lectura recomendada en una sociedad que busca, incansablemente, preservar la memoria, la verdad completa y la justicia duradera.

