Escritores

El otro Stephen King: Richard Bachman, el experimento de un autor que no podía parar de escribir

El otro Stephen King: Richard Bachman, el experimento de un autor que no podía parar de escribir

Richard Bachman fue el seudónimo que Stephen King utilizó entre 1977 y 1984 para publicar novelas y comprobar si su éxito dependía del talento o de su nombre.

Muchas veces escuchamos hablar del bloqueo del escritor, quizás el temor más grande de los autores. Pero existe un hombre que padece el “problema” contrario: Stephen King. A fines de los años setenta, cuando su nombre comenzaba a consolidarse como referente del terror contemporáneo, escribió más novelas de las que el mercado le permitía publicar bajo una sola firma.

La solución llegó en 1977 cuando apareció una nueva voz en las librerías estadounidenses. El autor se llamaba Richard Bachman, vivía en una granja en New Hampshire, había servido en la Guardia Costera y la Marina Mercante, y su esposa se llamaba Claudia. Esa era toda la información que circulaba sobre él. Su primer libro, Rage, se clasificaba como una novela incómoda, áspera, casi nihilista. 

Stephen King adoptó el seudónimo Richard Bachman para evitar la saturación editorial, pero personalmente existía otro motivo: quería comprobar si su éxito dependía del talento narrativo o del peso comercial de su nombre. Lo que comenzó como una solución práctica se convirtió en uno de los experimentos más reveladores de la literatura contemporánea. 

¿Por qué Stephen King publicó como Richard Bachman?

En la década de 1970, el mercado editorial estadounidense operaba bajo una lógica estricta que dictaba que un autor no debía publicar más de un libro por año. Las editoriales temían saturar a los lectores y diluir el impacto de cada lanzamiento. Stephen King, que escribía con una velocidad inusual, comenzó a producir más novelas de las permitidas. El veredicto de sus editores era determinante: tantos libros iban a perjudicar la estrategia comercial.

El seudónimo Richard Bachman le permitía a King publicar bajo otra identidad que sorteaba esa limitación contractual y le daba la libertad de mantener su ritmo creativo. “Mis ‘editores de Stephen King’ actuaron como una esposa distante que solo quería intimar una o dos veces al año, sugiriendo a su esposo siempre ansioso que buscara una alternativa. Así que recurría a Bachman cuando necesitaba liberar esa necesidad de escribir, aunque no lo hiciera por el dinero”.

Y es que el dinero no era lo único que motivaba al “maestro del terror” a disfrazar su identidad, sino la curiosidad por probarse a sí mismo. King quería saber si su éxito se debía a la calidad de sus historias o al fenómeno mediático que ya rodeaba su firma. Bachman fue, en ese sentido, una apuesta casi experimental. Un intento deliberado por separar talento y reputación, escritura y marca.

Las novelas de Bachman: un estilo más oscuro y menos sobrenatural

Entre 1977 y 1984, Stephen King publicó cinco novelas bajo el nombre de Richard Bachman: Rage, La larga marcha, Carretera maldita, El fugitivo y Maleficio. Años más tarde, ya descubierto su juego, llegarían The Regulators (1996) y Blaze (2007). Sus libros se publicaron con poca promoción y tuvieron ventas discretas, lo que reforzó el punto que King quería demostrar. Sí, “the name mattered”.

Quizás uno de los desafíos más grandes para King fue escribir en un tono que no despertara sospechas entre críticos y fanáticos. Bachman era más seco y descarnado. En sus novelas predominaba una atmósfera opresiva, cercana a la distopía y al thriller psicológico, donde la violencia no aparecía como un elemento sobrenatural sino como consecuencia directa de sistemas sociales crueles o deshumanizantes. Mientras King exploraba más lo fantástico, Bachman se inclinaba más al horror humano, proveniente de la rabia social.

A diferencia del “King clásico”, donde la comunidad suele jugar un papel central, en Bachman domina el aislamiento. Sus protagonistas están solos frente a situaciones terribles e inevitables como concursos mortales, persecuciones televisadas, accidentes devastadores o culpas irreversibles. El conflicto es un mecanismo inherente a la sociedad, es interno. Para King, en cambio, lo “malo” provenía de entidades externas y míticas.

Si hay algo que no se le puede negar a King es su versatilidad como narrador. Bachman comenzó como un disfraz editorial, pero terminó siendo una exploración creativa de su costado más pesimista y desolador. El experimento llegó más allá de sus propias intenciones, le demostró a un escritor prolífico y exitoso que podía ampliar los límites de su propia voz autoral. 

El día en que Richard Bachman murió de “cáncer de seudónimo”

Pero King iba a ser descubierto. En 1985, un librero de Washington D.C., Steve Brown, comenzó a sospechar que la forma de escribir de Richard Bachman le recordaba a alguien. Intrigado, Brown investigó los registros de la Biblioteca del Congreso y encontró un documento que vinculaba legalmente a King con una de las novelas firmadas por Bachman. Brown contactó a la editorial de King y King en persona, a Brown.

Lejos de negarlo, King confirmó la verdad poco después. El seudónimo había sido descubierto por la curiosidad de un lector atento y él mismo confesó haber sido un poco descuidado con su otra identidad. “¿Sabes cómo es cuando llevas la compra a casa bajo la lluvia y la bolsa se deshace? Bueno, así le ha ido a Bachman últimamente”.

Ante la inminente noticia de que ambos escritores eran la misma persona, King declaró que Richard Bachman había “muerto de cáncer del seudónimo”. El alter ego había cumplido su función por un tiempo, permitiendo que King pudiera publicar más libros por año. En cuanto al experimento, también demostró un punto: es verdad que el talento puede existir sin fama, pero la fama, inevitablemente, modifica la recepción.

Las ventas de los libros firmados como Richard Bachman tuvieron un gran salto luego de revelarse que el autor era Stephen King.

La libertad de escribir sin nombre

Más allá de la realidad editorial de aquella época, Richard Bachman representó algo más íntimo para Stephen King, quien se arriesgó a escribir sobre temáticas que quizás, bajo su nombre real, nunca hubiera explorado. King ya era sinónimo de terror sobrenatural y eso era lo que probablemente esperaban sus lectores y críticos. No lo sabemos, pero si hubiera publicado “Rage” con su firma, podía existir la posibilidad de no ser bien recibida. El éxito como escritor de un género en particular lo condicionaba.

Bachman fue la salida creativa que le permitió ir un paso más allá y explorar historias más ásperas, menos complacientes y, en cierto modo, más incómodas. El anonimato lo liberaba y lo dejaba inspeccionar en un terreno donde podía equivocarse sin afectar una reputación en ascenso. No fue hasta varios años después que King empezó a publicar novelas más vinculadas al mundo policial. Mr. Mercedes (2014) fue el inicio de una trilogía que ubicó al maestro del terror en un nuevo lugar. Como todo lo que hace, fue bestseller en parte por su talento y en parte porque llevaba su nombre en la portada. ¿Se hubiera animado Stephen King a lanzar un libro de esas características cuando su identidad literaria se estaba consolidando alrededor del terror?


Paula Cabrera

Periodista deportiva y licenciada en Comunicación. Redactora creativa y SEO

Amante de la literatura y la escritura desde chica, hace diez años la convertí en mi profesión. Creo contenido para redes sociales y sitios web. En 2023, publiqué mi primer libro, Palabreríos, un compilado de pensamientos y sentimientos personales. Formo parte de este proyecto como redactora, dándole vida a los libros que transforman y acompañan cada uno de mis momentos.