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La última misa de una leyenda: el adiós al Indio Solari

La última misa de una leyenda: el adiós al Indio Solari

“Las despedidas son esos dolores dulces.” A los 77 años y después de vivir una década con Parkinson, Carlos Alberto “El Indio” Solari, quizás el máximo referente del rock nacional y la cultura popular, falleció en su casa de Parque Leloir. La música despide a su voz más enigmática y magnética, pero el país despide un faro moral, una bandera de resistencia y el arquitecto de uno de los movimientos sociales y contraculturales más masivos del pueblo argentino.

La muerte del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota cierra una era, pero su figura elude cualquier intento de obituario tradicional. El Indio que siempre rechazó los caprichos de la industria del entretenimiento y levantó la bandera de la independencia artística; pertenecía al terreno de la mística colectiva. Su partida deja un vacío dentro de la idiosincrasia popular que ve partir a uno de sus últimos pilares ideológicos y que le dice adiós al mundo que conocíamos hasta hoy.

El nacimiento de la contracultura y el dogma de la independencia

Para dimensionar su influencia cultural, hay que ir a 1975, cuando en la ciudad de La Plata, junto a Skay Beilinson, sembró la semilla de Los Redondos. Sentados en las bases de la independencia absoluta respecto de las corporaciones y los medios tradicionales de comunicación y bajo el ala de la “Negra” Poli, construyeron un imperio sin sonar en las radios comerciales, sin dar entrevistas televisivas y editando sus discos de manera autogestiva.

Los pilares de su obra como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado o Luzbelito eran manuales de resistencia poética para una juventud que atravesaba los dolores de la posdictadura, el menemismo y el estallido social. Con letras crípticas, cargadas de metáforas filosas y referencias literarias, el Indio Solari se posicionó como la voz de las barriadas populares. La “misa ricotera” se convirtió en el ritual que fue pasando de generación en generación sin perder jamás su fuerza.

El grupo se disolvió en 2001, pero en 2004, el Indio volvió al ruedo con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y editó El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel), iniciando una etapa solista que sumó éxitos como Porco Rex o El ruiseñor, el amor y la muerte. Su público, siempre leal, multiplicó su fidelidad y lo siguió a todos lados como desde el primer día, como si nunca nada hubiera cambiado. 

La misa federal y el pogo más grande del mundo

El impacto social del Indio Solari encontró su máxima expresión en las “misas ricoteras”. Los shows del Indio se convirtieron en peregrinaciones federales infinitas en las que cientos de miles de almas viajaban desde todos los rincones del país para acampar, compartir y habitar un ritual liderado por la fraternidad y la devoción. Una imagen que no se replicó jamás con ningún otro artista popular y que dejaba en claro la inmensidad de su figura.

Su última presentación en vivo ante una multitud fue en Olavarría en el 2017. La masa de 300.000 personas obligó al Indio a guardarse en un estudio de grabación debido a las complejidades lógicas de una convocatoria de esa magnitud y al avance de su enfermedad. Su última aparición en público fue en enero, cuando la Universidad de Buenos Aires decidió otorgarle el Doctorado Honoris Causa. 

La batalla contra “el míster” y el retiro definitivo

En marzo de 2016, durante un recital en Tandil, el Indio Solari decidió abrirse a su gente sobre su salud: “el Parkinson me anda pisando los talones”, confesó con crudeza sobre el escenario. A partir de ese instante, la enfermedad se integró de forma abierta a su literatura pública. Lejos de victimizarse, el Indio asumió el diagnóstico con dignidad y entereza y lo convirtió en un motor para seguir creando a contrarreloj.

La progresión de la enfermedad modificó sus rutinas y su capacidad de exposición y en 2023 se vio obligado a anunciar su retiro definitivo de los escenarios, pero nada de eso privó al Indio de su veta artística. Recluido en su estudio de Parque Leloir, continuó pintando, editando libros, componiendo de manera digital y prestando su voz para colaboraciones artísticas. 

Un movimiento que desafía al tiempo

El dolor por la muerte del Indio es la conmoción colectiva ante la partida de un artista que trascendió las clases sociales y atravesó la vida de millones de argentinos. El Indio Solari representó la resistencia a la uniformidad del pensamiento, el triunfo de la autogestión y la demostración de que se puede construir la masividad y la lealtad más absoluta desde el respeto absoluto por las convicciones propias.

Su ausencia física cala hondo en los corazones y las pieles de miles de fieles que llevan su retrato en tinta para siempre, pero la historia ya firmó su veredicto. El mito de las gafas oscuras y la voz misteriosa y eterna abandona el plano material para instalarse definitivamente en el mundo de las letras crudas y llenas de poesía de un país que aprendió a cantar sus verdades gracias a él. Las banderas seguirán flameando en cada esquina, porque el Indio Solari no murió, simplemente completó su paso hacia la inmortalidad.

“A la muerte no le tengo ningún miedo. “La pienso en términos poéticos. Vivo de la misma manera que cuando tenía 20 años. En el presente. Y no se me ocurre pensar en eso (la muerte) y no se me ocurre saber como es nada. No sé cómo abarcar la muerte, es como una gloria que te excede”.


Paula Cabrera

Periodista deportiva y licenciada en Comunicación. Redactora creativa y SEO

Amante de la literatura y la escritura desde chica, hace diez años la convertí en mi profesión. Creo contenido para redes sociales y sitios web. En 2023, publiqué mi primer libro, Palabreríos, un compilado de pensamientos y sentimientos personales. Formo parte de este proyecto como redactora, dándole vida a los libros que transforman y acompañan cada uno de mis momentos.