Hay libros que, desde el comienzo, nos introducen en un mundo que sabemos que van a ser fáciles de leer durante todo el recorrido. No es el caso de La vegetariana, de Han Kang. Ya en su primer párrafo nos plantea un escenario incómodo: las personas que son invisibles para la sociedad. Y desde una premisa tan básica se desencadena una decisión aún más simple, pero que desestabiliza a toda una familia y que pone al cuerpo como el campo de batalla: Yeong-hye ya no comerá carne.
Índice
- El cuerpo como símbolo de resistencia de una sociedad patriarcal
- Violencia, deseo y transformación en tercera persona
- El silencio como violencia estructural
- Una obra que incomoda y alza la lucha feminista
- Contexto cultural y trayectoria de la autora
Lo que comienza como una elección personal se transforma en detonante de tensiones sociales y familiares. La protagonista, Yeong-hye, decide abandonar la carne tras un sueño perturbador, y esa decisión aparentemente indefensa se convierte en una batalla que cuestiona las estructuras de poder, la violencia de género y la autonomía del cuerpo. La novela incomoda porque obliga a preguntarnos qué significa realmente ser libre en un entorno que no tolera la diferencia.
La novela, de apenas un poco más de 150 páginas, publicada en Corea del Sur en 2007, ganó el Man Booker International Prize en 2016. Este premio y el Nobel de Literatura que recibió en 2024 consolidaron a Han Kang como una de las voces más potentes de la literatura contemporánea.
El cuerpo como símbolo de resistencia de una sociedad patriarcal
El desencadenante de la novela es la decisión de Yeong-hye de dejar la carne. Pero esta decisión representa mucho más que la adopción de un nuevo hábito, es la posibilidad de tomar el control de lo único que tiene permitido: su cuerpo.
La sociedad surcoreana arrastra aún hoy los resabios de un sistema fuertemente patriarcal. A pesar de los cambios generacionales y la lucha feminista, este patrón se sigue repitiendo en las relaciones familiares, el ámbito laboral y social.
El origen de la elección de Yeong-hye no viene del amor ni del autocuidado, sino de un grito desesperado por una rutina que la venía devorando por dentro. Esta forma de vivir que sólo le producía desgaste e infelicidad la acaban empujando a un estado de malnutrición y de nulo valor por la vida. Una vida que desprecia porque nunca pudo sentirse libre de elegir por su propia cuenta.
“No quiero más sangre en mi boca” no es solo una frase, es una declaración. Es la forma que Han Kang encuentra para manifestar un acto político. La bandera que levanta a través de su protagonista para marcar el fin de la aceptación de un sistema opresor.
Violencia, deseo y transformación en tercera persona
La novela se divide en tres partes y ninguna es contada desde la voz de su protagonista: la decisión de Yeong-hye desde su marido, la mirada erótica de su cuñado y la transformación final en vegetal desde su hermana. Cada capítulo muestra cómo el cuerpo femenino es observado, controlado y finalmente liberado. La violencia no aparece solo en el acto físico, sino en la imposición social y en el silencio que rodea a Yeong-hye.
El primer narrador es el marido que, desde el comienzo deja muy clara la postura de la sociedad con respecto al matrimonio: el hombre debe casarse con una mujer dócil que pueda servirle. Yeong-hye no representa para él nada especial. “Tal como lo había esperado, mi mujer se adaptó sin problemas al rol de esposa común y corriente que yo esperaba”.
La segunda parte de la novela es relatada desde el punto de vista del cuñado quien, por primera vez, ve en Yeong-hye atributos de mujer. El cuerpo de Yeong-hye se convierte en objeto de fascinación, deseo y obsesión, pero no desde un lugar sano o amoroso. El cuñado quiere apropiarse de ella, es un objeto de deseo, un lugar donde puede liberar sus impulsos reprimidos.
La tercera parte lleva la voz de su hermana quien, aunque no la comprende, resigna parte de su vida para cuidar de Yeong-hye. Quizás, el rol más claro de todos: el de la mujer que se sacrifica para atender a los demás. Una mujer rota por el sistema, pero que acepta su destino porque siempre supo que no hay otro lugar para ella.
El silencio como violencia estructural
Lo que más incómodo de leer La vegetariana no fue la decisión de Yeong-hye, sino la reacción de quienes la rodean. El silencio, el rechazo y hasta la violencia física de su familia marcan una realidad tan instalada en la columna vertebral de nuestra sociedad que perturba y molesta. ¿Cuántas veces, nosotros, elegimos callar frente a lo distinto, y ese silencio termina siendo cómplice de la opresión? Leer la novela me obligó a revisar mis propios actos cotidianos: ¿cuántas veces preferimos no ver para no incomodarnos?
El deseo final de Yeong-hye de convertirse en árbol deja en evidencia ese deseo visceral de una existencia fuera de la violencia humana. Han Kang nos demuestra que la elección de desaparecer en lo vegetal y fundirse con la naturaleza es su último acto de resistencia a rechazar la vida en un mundo marcado por el consumo, la explotación y el patriarcado.
La vegetariana no es sólo un relato sobre vegetarianismo, sino sobre autonomía, deseo y resistencia. La protagonista se convierte en símbolo de quienes deciden apartarse de la norma, y la violencia que recibe es la violencia que la sociedad ejerce sobre quienes se atreven a ser distintos.
Una obra que incomoda y alza la lucha feminista
La vegetariana es una novela que trasciende fronteras. Su fuerza radica en que expone la violencia cotidiana y la convierte en metáfora universal. Han Kang nos recuerda que el cuerpo es un espacio de lucha, y que la literatura puede ser un acto de memoria y transformación.
“No quiero ser humana”. Esta frase sintetiza la potencia de la obra: un rechazo absoluto a las estructuras que sostienen la violencia y un llamado a pensar el cuerpo como territorio de libertad. Han Kang nos invita a pensar en nuestras propias historias, en los gestos íntimos que pueden convertirse en actos políticos, y en la necesidad de narrarlos para que no se pierdan.
Contexto cultural y trayectoria de la autora
Han Kang nació en Gwangju, ciudad marcada por la represión política y la memoria de la masacre de 1980. Ese trasfondo atraviesa su obra, donde el cuerpo y la violencia son protagonistas. La vegetariana dialoga con una sociedad profundamente patriarcal, donde la autonomía femenina es vista como amenaza.
Desde sus comienzos en la literatura, Han Kang ha construido una narrativa que combina lirismo con crudeza, explorando los límites entre deseo, violencia y libertad. Su obra no se limita a la denuncia social: también indaga en la fragilidad de los vínculos humanos y en la capacidad del cuerpo para convertirse en un campo de batalla.

Paula Cabrera
Periodista deportiva y licenciada en Comunicación. Redactora creativa y SEO
Amante de la literatura y la escritura desde chica, hace diez años la convertí en mi profesión. Creo contenido para redes sociales y sitios web. En 2023, publiqué mi primer libro, Palabreríos, un compilado de pensamientos y sentimientos personales. Formo parte de este proyecto como redactora, dándole vida a los libros que transforman y acompañan cada uno de mis momentos.

